Cóctel de gambas de verano, con ciruela, nectarina y manzana

Pero ¿qué me pasa?…. Cuando mi cuerpo decidió abandonar los brazos de Morfeo: llovía, pero cuando decidí salir de casa: dejó de llover. ¡Y quería que lloviera para poder regodearme en lo desgraciada que soy! ¡Quería pisar charcos y sentirme cual huerfanita de Dickens! Y es que quiero el coche nuevo a la de: ya. No es que no me guste el que tengo, llevo media vida totalmente “in love” con él: tiene ya dos dígitos en su haber, unos cuantos kilómetros recorridos, 300CV bajo el capó y ni una sola avería; y, sin embargo, todas las mañanas reniego porque a pesar de los avances tecnológicos —que nos convierten en babosas acomodadas—, tengo que meterle la llave en la cerradura para abrirlo (miradme: todas las mañanas soy como un gremlin cabreado por tener que girar la llavecita…¡Qué absurda soy!).
Quiero abrir el coche desde el móvil, que me diga dónde está aparcado y avise en casa de la hora a la que llegaré; quiero poner el climatizador con la voz en los asientos traseros, que el asiento se adapte a mí y se ponga en la posición exacta él solito…. Y claro, la vendedora—tan solicita ella— cada dos semanas nos da el parte de lo avances del coche que ni siquiera han comenzado a fabricarse, pero que ya tiene fecha. Esto es como un embarazo—de los mal llevados—: le quedan tres semanas para salir de cuentas, y dos más para el transporte, más la semana de matriculación… Lo que da un total de: un mes más de meter la llavecita en la cerradura.
Yo ¿quejica?…Para nada…
Cóctel de gambas de verano, con ciruela, nectarina y manzana
Pero ¿qué me pasa?…. Cuando mi cuerpo decidió abandonar los brazos de Morfeo: llovía, pero cuando decidí salir de casa: dejó de llover. ¡Y quería que lloviera para poder regodearme en lo desgraciada que soy! ¡Quería pisar charcos y sentirme cual huerfanita de Dickens! Y es que quiero el coche nuevo a la de: ya. No es que no me guste el que tengo, llevo media vida totalmente “in love” con él: tiene ya dos dígitos en su haber, unos cuantos kilómetros recorridos, 300CV bajo el capó y ni una sola avería; y, sin embargo, todas las mañanas reniego porque a pesar de los avances tecnológicos —que nos convierten en babosas acomodadas—, tengo que meterle la llave en la cerradura para abrirlo (miradme: todas las mañanas soy como un gremlin cabreado por tener que girar la llavecita…¡Qué absurda soy!).
Quiero abrir el coche desde el móvil, que me diga dónde está aparcado y avise en casa de la hora a la que llegaré; quiero poner el climatizador con la voz en los asientos traseros, que el asiento se adapte a mí y se ponga en la posición exacta él solito…. Y claro, la vendedora—tan solicita ella— cada dos semanas nos da el parte de lo avances del coche que ni siquiera han comenzado a fabricarse, pero que ya tiene fecha. Esto es como un embarazo—de los mal llevados—: le quedan tres semanas para salir de cuentas, y dos más para el transporte, más la semana de matriculación… Lo que da un total de: un mes más de meter la llavecita en la cerradura.
Yo ¿quejica?…Para nada…
Paso a paso
- 1
Cocemos los langostinos en agua con sal y laurel. Los dejamos enfriar y los pelamos. Reservamos en un bol amplio.
- 2
Cortamos la manzana, la nectarina y las ciruelas en dados pequeños.
- 3
Picamos la lechuga muy fina.
- 4
En un cuenco, mezclamos la mayonesa, el ketchup, el brandy, el zumo de limón y la mostaza. Integramos y reservamos.
- 5
En el bol de los langostinos, los mezclamos con la fruta, la lechuga y el aliño e integramos suavemente.
- 6
Servimos en cuencos grandes (o copas), y terminamos dando un par de golpes del aceite en spray.
- 7
A disfrutar!
Trucos
Puedes añadir un toque de pimienta negra al aliño para un sabor extra.
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