Percebes

Este curioso crustáceo es, sin duda, uno de los más preciados tesoros de la gastronomía gallega. El percebe no tiene corazón y su sangre carece de hemoglobina, por eso cuanto más batida y fría el agua, más cantidad de oxígeno y mejores son los percebes —no es casualidad, pues, que los de mayor tamaño están en las rocas donde hay más olas—. Los mejores son los llamados percebes de sol: agarrados a rocas permanentemente batidas por el mar: decía el mindoniense, Álvaro Cunqueiro, que los percebes más sabrosos son aquellos “coma o pulgar dun carpinteiro”. Los otros, los de sombra, son esmirriados, por crecer en grietas donde no llega el sol. (Tampoco están a la altura los marroquíes, distinguibles por tener en la base arenisca y no granito; o el percebe canadiense, de uñas grisáceas).
La recogida del percebe no es fácil, es un trabajo muy manual y arriesgado, en las rocas del litoral gallego, hecho por percebeiros, que se juegan su vida a diario en una profesión que llevan en la sangre, heredan por tradición y asumen con valentía.
Se equivoca quien piense que los percebes se consumen desde antaño, pues incluso los gallegos más pobres los ignoraban, y los pocos obligados a comerlos enterraban avergonzados sus restos. La cosa comenzó a cambiar en los 50 del siglo pasado.
Percebes
Este curioso crustáceo es, sin duda, uno de los más preciados tesoros de la gastronomía gallega. El percebe no tiene corazón y su sangre carece de hemoglobina, por eso cuanto más batida y fría el agua, más cantidad de oxígeno y mejores son los percebes —no es casualidad, pues, que los de mayor tamaño están en las rocas donde hay más olas—. Los mejores son los llamados percebes de sol: agarrados a rocas permanentemente batidas por el mar: decía el mindoniense, Álvaro Cunqueiro, que los percebes más sabrosos son aquellos “coma o pulgar dun carpinteiro”. Los otros, los de sombra, son esmirriados, por crecer en grietas donde no llega el sol. (Tampoco están a la altura los marroquíes, distinguibles por tener en la base arenisca y no granito; o el percebe canadiense, de uñas grisáceas).
La recogida del percebe no es fácil, es un trabajo muy manual y arriesgado, en las rocas del litoral gallego, hecho por percebeiros, que se juegan su vida a diario en una profesión que llevan en la sangre, heredan por tradición y asumen con valentía.
Se equivoca quien piense que los percebes se consumen desde antaño, pues incluso los gallegos más pobres los ignoraban, y los pocos obligados a comerlos enterraban avergonzados sus restos. La cosa comenzó a cambiar en los 50 del siglo pasado.
Paso a paso
- 1
Ponemos agua a hervir, con 70 g de sal por cada litro de agua y unas hoja de laurel. Cuando rompa a hervir, echamos poco a poco los percebes. Esperamos y cuando empiece a hervir de nuevo, contamos un minuto.
- 2
Los sacamos con una espumadera y los tapamos con un paño para que no se enfríen. Servimos en el momento.
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