Brazo gitano de fresones blancos y rojos con nata y trufa

Se nota que es primavera y, no sólo porque lo diga El Corte Inglés. Los pájaros ya son los encargados de despertarnos por las mañanas (aunque aún no han sido notificados que ayer nos robaron una hora), los árboles comienzan ya a florecer y empieza la gama de verdes que, aquí en Galicia, es infinita.
Pero hoy quiero hablaros de mi último descubrimiento: los fresones blancos. Llevaba viéndolos en la frutería desde poco después de Navidad y, siempre tenía la tentación de cogerlos, pero (soy sincera) su color impedía que estirara el brazo para hacerlos míos; y el día en que me armé de valor, ya no quedaban. Pensé —apesadumbrada—que no volvería a tener la oportunidad de probarlos, así que cuando el sábado, los volví a ver, metí una caja en el carrito y salí rauda del supermercado.
Tras devorar el primero, me quede maravillada, a pesar de que en una primera impresión, parecen no haber madurado, son más dulces y jugosos y tienen cierto regusto a piña (quizá por eso, en otros lugares le llaman pineberry).
Ahora, que carezcan de ese característico color rojo, los hacen aún más deseables, además son efecto de una hibridación y no de ingeniería genética, como se puede creer en un principio (al menos yo así lo creí; con el dicho ese: piensa mal y, acertarás… Pues yo erré).
En fin, si tenéis oportunidad, probadlos, no os dejarán indiferentes.
🍓🤍🍓🤍🍓
(Este fue uno de los postres que improvisamos este fin de semana).
Brazo gitano de fresones blancos y rojos con nata y trufa
Se nota que es primavera y, no sólo porque lo diga El Corte Inglés. Los pájaros ya son los encargados de despertarnos por las mañanas (aunque aún no han sido notificados que ayer nos robaron una hora), los árboles comienzan ya a florecer y empieza la gama de verdes que, aquí en Galicia, es infinita.
Pero hoy quiero hablaros de mi último descubrimiento: los fresones blancos. Llevaba viéndolos en la frutería desde poco después de Navidad y, siempre tenía la tentación de cogerlos, pero (soy sincera) su color impedía que estirara el brazo para hacerlos míos; y el día en que me armé de valor, ya no quedaban. Pensé —apesadumbrada—que no volvería a tener la oportunidad de probarlos, así que cuando el sábado, los volví a ver, metí una caja en el carrito y salí rauda del supermercado.
Tras devorar el primero, me quede maravillada, a pesar de que en una primera impresión, parecen no haber madurado, son más dulces y jugosos y tienen cierto regusto a piña (quizá por eso, en otros lugares le llaman pineberry).
Ahora, que carezcan de ese característico color rojo, los hacen aún más deseables, además son efecto de una hibridación y no de ingeniería genética, como se puede creer en un principio (al menos yo así lo creí; con el dicho ese: piensa mal y, acertarás… Pues yo erré).
En fin, si tenéis oportunidad, probadlos, no os dejarán indiferentes.
🍓🤍🍓🤍🍓
(Este fue uno de los postres que improvisamos este fin de semana).
Paso a paso
- 1
—Para preparar la nata y la trufa—Montamos la nata con ayuda de una varillas eléctricas. Añadimos el azúcar integrando con las varillas y, guardamos 2/3 de la nata en una manga pastelera.
Para la trufa: con lo que dejamos de nata, le agregamos el cacao e integramos con movimientos envolventes. Guardamos también en otra manga pastelera.
Reservamos ambas en nevera. - 2
—Para la masa—
Separamos las claras de las yemas, y batimos las primeras a punto de nieve. Añadimos a las yemas (ya batidas), el azúcar y la harina tamizada.
Integramos ambas mezclas con movimientos envolventes. - 3
Enacéitamos el papel antiadherente para que no haya problemas a la hora de desmoldarlo. Vertemos la mezcla sobre la bandeja del horno, y con el horno precalentado a 180°C, en 8 minutos, a media altura, estará listo. Desmoldamos rápidamente, y notaremos lo elástica que es. Enrollamos en un paño de cocina y, guardamos en la nevera.
- 4
Limpiamos y cortamos la partes verde de los dos tipos de fresones.
- 5
Con el pionono ya frío, lo desenrollamos y, ponemos toda la nata, en uno de los laterales, los fresones rojos en fila, y con mucho cuidado, volvemos a enrollar.
Una vez cerrado el pionono, coronamos con la trufa y sobre esta, con los fresones blancos.
Espolvoreamos los nibs de cacao. - 6
A disfrutar!
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