Calamarata con vieiras y langostinos al ajillo

Estamos rodeado de superhéroes, y no hablo de: Superman (intelectualoide algo tímido, que en el fondo es un musculitos vigoréxico vestido de azul y rojo, cuya principal afición es levantar trenes y frenar aviones), Spiderman (que se dejó picar por una araña radiactiva y desarrolló una capacidad tremenda para soltar telas), Hulk (que se pone verde de rabia —literalmente— y se rasga las vestiduras —literalmente—), El Capitán América (paradigma por excelencia del American Way. Un enclenque rechazado por el ejército en la II GM y propuesto para ser el conejillo de indias de un científico chiflado, que lo vistieron de bandera y se fue tan feliz, a combatir a diestro y siniestro) o Batman (el más molón: sin superpoderes, sin radiaciones, ni drogas, combatiendo el mal a base de talonario), por no hablar de Catwoman, Xena, Wonder Woman… todas ellas tan guapísimas (que te hacen desearles una muerte lenta y dolorosa a manos de algún villano despiadado). No, no hablo de ellos, hablo de los superhéroes de diario, de los que te ponen la taza del café la noche antes, en la cafetera, para que tú sólo tengas que apretar el botón; de los que se pasan horas buscando una serie que te guste, para que tú sólo tengas que darle a Play; de los que te ayudan a preparar la pizza semanal, aunque semana tras semana, ni siquiera la prueban…, de esos superhéroes que no tienen vestimenta identificativa, pero que se molestan, en hacerte la vida más agradable.
Calamarata con vieiras y langostinos al ajillo
Estamos rodeado de superhéroes, y no hablo de: Superman (intelectualoide algo tímido, que en el fondo es un musculitos vigoréxico vestido de azul y rojo, cuya principal afición es levantar trenes y frenar aviones), Spiderman (que se dejó picar por una araña radiactiva y desarrolló una capacidad tremenda para soltar telas), Hulk (que se pone verde de rabia —literalmente— y se rasga las vestiduras —literalmente—), El Capitán América (paradigma por excelencia del American Way. Un enclenque rechazado por el ejército en la II GM y propuesto para ser el conejillo de indias de un científico chiflado, que lo vistieron de bandera y se fue tan feliz, a combatir a diestro y siniestro) o Batman (el más molón: sin superpoderes, sin radiaciones, ni drogas, combatiendo el mal a base de talonario), por no hablar de Catwoman, Xena, Wonder Woman… todas ellas tan guapísimas (que te hacen desearles una muerte lenta y dolorosa a manos de algún villano despiadado). No, no hablo de ellos, hablo de los superhéroes de diario, de los que te ponen la taza del café la noche antes, en la cafetera, para que tú sólo tengas que apretar el botón; de los que se pasan horas buscando una serie que te guste, para que tú sólo tengas que darle a Play; de los que te ayudan a preparar la pizza semanal, aunque semana tras semana, ni siquiera la prueban…, de esos superhéroes que no tienen vestimenta identificativa, pero que se molestan, en hacerte la vida más agradable.
Paso a paso
- 1
Cocemos la pasta en abundante agua y una pizca de sal. Cuando esté al dente, escurrimos y repartimos en los platos.
- 2
Mientras, por otro lado, en una sartén, con un dedo de aceite, doramos los ajos laminados con la cayena. Cuando comiencen a tener color, añadimos las vieiras y a fuego medio, esperamos a que se hagan. Reservamos.
En la misma sartén, cocinamos también los langostinos. - 3
Y emplatamos, repartiendo sobre la base de pasta, y de la formas más equitativamente posible: las vieiras y los langostinos, y todo el aceite (que está muy aromátizado).
- 4
A disfrutar!
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