Macarrones kombu con tofu picante caramelizado

Por primera vez, ayer llegué antes que mi madre a la cafetería donde habíamos quedado para el café. Esta vez, le había puesto un whastapp, proponiéndole quedar en Bonilla —sitio clásico, habitual e ignorante de las modas—; le escribí citándola allí porque quería: café con leche y dos churros, y no tener que devanarme los sesos leyendo una lista de delicias que irremediablemente termina hecha pedazos en mi plato —porque siempre-de-los-jamases, me parece demasiado empalagoso—.
Sentada ya, en nuestra mesa de antaño —la de aquellos sábados, tras natación— me pertreché detrás de mi iPad para continuar con mi lectura. Pero me vi interceptada por la mesa de mi derecha, que me explicaba la absoluta y total superioridad del libro-libro —el de papel — y la pena de que lo electrónico atacará su supervivencia. Sin levantar los ojos respondí, que una tecnología no reemplaza a otra, que simplemente, se complementan. Los libros no están más amenazados por los libros electrónicos que las escaleras por los ascensores. Justo en ese momento, llegó mi madre, sonriente mientras alcanzaba el último escalón de la escalera, con dos libros en la mano y escribiendo en la tablet, que me esperaba en la antigua mesa.
Apenas se habían acomodado, cuando oímos las puertas de ascensor abrirse y ver al camarero aparecer con nuestros cafés y los ansiados churros.
Macarrones kombu con tofu picante caramelizado
Por primera vez, ayer llegué antes que mi madre a la cafetería donde habíamos quedado para el café. Esta vez, le había puesto un whastapp, proponiéndole quedar en Bonilla —sitio clásico, habitual e ignorante de las modas—; le escribí citándola allí porque quería: café con leche y dos churros, y no tener que devanarme los sesos leyendo una lista de delicias que irremediablemente termina hecha pedazos en mi plato —porque siempre-de-los-jamases, me parece demasiado empalagoso—.
Sentada ya, en nuestra mesa de antaño —la de aquellos sábados, tras natación— me pertreché detrás de mi iPad para continuar con mi lectura. Pero me vi interceptada por la mesa de mi derecha, que me explicaba la absoluta y total superioridad del libro-libro —el de papel — y la pena de que lo electrónico atacará su supervivencia. Sin levantar los ojos respondí, que una tecnología no reemplaza a otra, que simplemente, se complementan. Los libros no están más amenazados por los libros electrónicos que las escaleras por los ascensores. Justo en ese momento, llegó mi madre, sonriente mientras alcanzaba el último escalón de la escalera, con dos libros en la mano y escribiendo en la tablet, que me esperaba en la antigua mesa.
Apenas se habían acomodado, cuando oímos las puertas de ascensor abrirse y ver al camarero aparecer con nuestros cafés y los ansiados churros.
Paso a paso
- 1
Cocemos los macarrones con un poco de aceite y sal. Cuando estén al dente, escurrimos y reservamos.
- 2
—PARA EL TOFU CARAMELIZADO. Secamos el tofu con papel de cocina y lo cortamos a dados de bocado. Hacemos un sofrito (con el aceite de langostinos y el de sésamo) con el ajo en polvo y el jengibre, y dejamos que se doren. Echamos el tofu a la sartén, a fuego vivo, para que se selle. Agregamos la soja, las escamas de chili y la miel; y seguimos salteando, a fuego medio, hasta que se caramelice. Reservamos.
- 3
Mezclamos los macarrones con el tofu.
- 4
A disfrutar!
Cooksnaps
Recetas similares
Más recetas








Comentarios (3)